Mientras la Ciudad Condal comienza a ser cada vez más conocida como la nueva capital del cannabis, el Parlamento catalán prepara una ley pionera en España sobre cultivo, distribución y consumo de la planta. Por su parte, Barcelona acaba de aprobar un plan urbanístico que regula los clubes cannábicos. Sin embargo, las fuerzas del orden siguen persiguiendo a algunas de estas agrupaciones y recientemente clausuraron un club al que acusan de atraer a miles de turistas para lucrarse con la venta de marihuana.

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La ciudad de Barcelona cuenta con cerca de 140 asociaciones de cannabis, un número que ha aumentado exponencialmente en los últimos años. Estos clubes son el refugio de los consumidores y realizan un gran trabajo por la legalización de la planta. En general, se trata de lugares discretos cuyo número de miembros no alcanza los trescientos y en los que los amantes de la marihuana asociados a ellos se reúnen para fumar en un entorno protegido.

Sin embargo, estos locales siguen enfrentándose a distintos registros, coacciones e incluso intentos de cierre. Más allá del caso del club de La Maca, uno de los más conocidos por su activismo y con varios procedimientos abiertos, las fuerzas del orden se enfrentan especialmente a aquellos que, en vez de proveer a un número lógico de miembros, buscan, según la autoridades, el lucro. Hace unas semanas, la Guardia Urbana de Barcelona y la Guardia Civil clausuraban una asociación cannábica del barrio del Raval por este motivo. Según sus pesquisas, el local atraía a 100 nuevos clientes al día, la mayoría turistas extranjeros que eran captados en zonas céntricas. Tras acompañarles al recinto se les hacía pagar 20 euros por un carné y se les aseguraba que el consumo que realizaran sería totalmente legal.

A pesar del cierre de este local, Barcelona empieza a ser conocida y promocionada en internet como una suerte de nueva Ámsterdam. De hecho, distintas páginas informan a aquellos que van a visitar la localidad de cuáles son las asociaciones cannábicas existentes. En inglés, se afirma que tendrán que contactar antes con ellos para ver si pueden acudir, explicando las fechas de su estancia en Barcelona y dando sus datos, y se advierte de que no se podrá aparecer en la puerta sin avisar con la intención de adquirir cannabis. Lo que no dicen estas páginas web es que, a pesar de que los turistas realicen este trámite y contacten con ellos, muchos clubs, a los que hay que llegar de la mano de un miembro actual, no permitirán su entrada.

Los ciudadanos locales amantes de la planta cuentan, mucho más fácilmente, con la posibilidad de unirse a una de estas asociaciones cannábicas en las que, en general, se produce para el autoconsumo y se disfruta en comunidad.

La regularización como primer paso

En mayo de este año, el Ayuntamiento aprobaba el plan especial urbanístico de ordenación de los clubes cannábicos en el que establecía las condiciones urbanísticas que tenían que seguir. El texto fijaba una distancia mínima de entre 100 y 150 metros entre los clubes y los centros educativos o sanitarios y establecía que los nuevos locales creados tendrían que limitar su tamaño a 200 metros cuadrados y contar con un acceso independiente desde la vía pública, un sistema de doble puerta y una chimenea para la extracción de humos.

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Según el plan, todos los nuevos clubs que consigan licencia para abrir en la ciudad deberán cumplir las condiciones establecidas y los 140 que ya existen tendrán un margen de 18 meses desde la entrada en vigor del proyecto para adaptarse técnicamente o cerrar.

La aprobación del texto era la culminación de un largo proceso que comenzó en el año 2015 y que trajo consigo la paralización de la concesión de nuevas licencias hasta que se clarificara la normativa. De acuerdo a los activistas, y a pesar de lo limitado de la legislación, el punto más positivo es el pequeño fragmento en el que se reconoce el derecho de asociación de los consumidores de la planta. Según el plan, su objetivo principal es “compatibilizar el derecho de asociación de los consumidores de cannabis con el ejercicio de otros derechos fundamentales como son la protección de la salud, la convivencia y el disfrute de un medio ambiente adecuado”. Aun así, muchas preguntas sobre cultivo, consumo o transporte quedan sin resolver, y los clubes solo consiguen unas pequeñas directrices urbanísticas y arquitectónicas.

Más allá de la Ciudad Condal, y si todo va según lo previsto, será el Gobierno catalán el que dé el próximo gran paso en lo que a regulación y normalización del consumo y el cultivo de cannabisse refiere: el Parlamento regional prepara una ley que, en el caso de aprobarse, sería pionera en el país.

La futura normativa tiene su origen en una iniciativa legislativa popular presentada por la plataforma La Rosa Verda, detrás de la cual se encuentran distintas asociaciones y colectivos.  Su objetivo final es regular los clubes de consumo, más de quinientos en la comunidad, y dotar de seguridad legal a los usuarios.

“Con la admisión a trámite de la propuesta se acaba con éxito la segunda fase de la Rosa Verda, habiéndose conseguido una proposición de ley en trámite, aportando soluciones a los partidos políticos […] para acabar con la alegalidad”, explicaban sus impulsores desde su página web.

Al contrario que en la ordenanza de Barcelona, la ley definirá qué es una asociación y cuáles son los derechos de aquellos que se conviertan en socios —recibir información sobre la composición de la sustancia cannabica consumida será uno de ellos—. Del mismo modo, incluirá detalles sobre el transporte y el autoabastecimiento.

Si todo va bien, este nuevo gran paso en la lucha por la legalización que se mantiene desde hace años en Cataluña podría servir de espejo e impulso para el resto del país. “En otros procesos como en Estados Unidos vimos cómo fueron los estados los que comenzaron con la regulación, estados como Washington, California, Oregón o Alaska en los que el Gobierno federal dejó hacer. Es un paralelismo útil, esperemos que el Gobierno estatal sepa leer la situación y amplíe esta ley a todo el territorio”, explica Oriol Casals, director jurídico del Observatorio Civil de Drogas y portavoz de La Rosa Verda.

Por el momento, y a falta de la aprobación, Barcelona y toda Cataluña continúan dando pasos para convertirse en una región ‘cannabis friendly’ en la que los amantes de la planta puedan disfrutar de ella sin estar perseguidos o marginados. Buenas noticias para todos los simpatizantes de la marihuana, tanto en Cataluña como a nivel global.

 

Fuentes

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