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Con Stephen Clarke, constructor con cáñamo

La cannabis le ha salvado la vida en muchos aspectos, dice, y cada vez lo impresiona más. Para él todas las plantas son mágicas, pero esta es, además, impresionante. Pídele lo que quieras y te lo da. De adolescente fumaba mucho crack, y estuvo a punto de morirse varias veces. Cuenta que le hizo mal a la gente, pero encontró el perdón. Jamás volvió a tocar “esa mierda”, y todo lo que hizo de ahí en más fue con la idea de ayudar a más y más gente, y a la naturaleza. Hoy Stephen Clarke es cofundador y director de Heavengrown, una empresa de arquitectura regenerativa, y durante los últimos años se ha enfocado en investigar, desarrollar y promover métodos de construcción sustentable que involucren el uso del cáñamo. De eso, y de otras cosas, conversó con la diaria.

¿Qué es lo que buscan con su trabajo?

-El modelo con el que trabajamos es la colaboración: que todo el mundo sepa cómo construirse una casa. Generar un cambio de conciencia. Hoy en día el ser humano tiene todo, nunca hubo tanto dinero, tanta riqueza, tanta información, tanta gente con doctorados, maestrías y todo eso. Pero lo único que sigue creciendo es la pobreza. Entonces, de qué chingados sirve que nos hayamos vuelto los más inteligentes, los más ricos, los más poderosos, si no podemos ayudar a la gente que no tiene. Como sociedad tenemos que regenerarnos, y si logramos entender que el cáñamo nos da todo esto y es una planta de la naturaleza, la cosa será distinta. Regeneremos el ambiente y regeneremos a la gente, y encima eso nos va a dar dinero. Hay suficiente en el cáñamo para todos, necesitamos ingenieros, arquitectos, diseñadores, agrónomos, procesadores, todo, todo tipo de gente.

¿Cómo se recibe lo que hacen, tomando en cuenta los prejuicios que hay respecto del cannabis?

-En todos lados se recibe muy bien. Al principio no fue fácil, porque estás peleando contra el estigma de la cannabis. Pero a veces nos facilita el enfoque que le damos al discurso. No hablamos de la parte recreativa, que es otra parte de la discusión -por cierto, interesante-, sino que siempre nos enfocamos en los derechos básicos de todo ser humano. Todos debemos tener una casa, comida, agua, energía y ropa. Todo eso, excepto el agua, te lo puede dar la cannabis. Entonces, lo que estamos presentando es un sistema de alta ingeniería de este material, al que podemos hacerle lo que queramos para hacerle bien al ser humano y a la naturaleza. Lo que termina ocurriendo es que gente que no consume, o no tiene mucha idea sobre el tema, nos pregunta: ¿por qué es ilegal?

En ese sentido, ¿cuáles son las dificultades para elaborar ese tipo de construcciones en un país como México?

-La ley de salud dice que toda cannabis es ilegal en México. No se permite la siembra, no se permite el cáñamo, nada. Pero hay una zona gris que permite la importación de cáñamo. Naciones Unidas ya dijo que el cáñamo no es una sustancia prohibida, la cosa es que México no ha actualizado sus libros. Por eso hay una ley de salud como esta, pero sí han actualizado el código fiscal de impuestos unificado con el resto del planeta. Si yo importo cualquier cosa que sea derivada de cannabis sativa es permitida. Yo ya le pagué al gobierno los impuestos y aranceles, le avisé, saben quiénes somos, qué importamos, y no es justo que no nos permitan hacerlo y que cada vez que lo hacemos estemos violando la ley. Si se nos ocurre plantarlo, o transportar tallos, somos traficantes y pueden juzgarnos como tales. Ese es el argumento que se nos hace ilógico, y creo que por eso nadie ha venido a tocarnos la puerta para cerrarnos. Estamos proponiendo ideas para regenerar México, estamos dando trabajo, construyendo casas, en un momento en el que el petróleo está en caída, el gobierno está robando más que nunca, no ha habido tanta violencia nunca en la historia del país. Entonces, que me vengan a decir que este pedo es lo mismo que lo que ellos han generado durante tanto tiempo es una estupidez.

¿El prohibicionismo viene del negocio?

-En otros momentos lo hicieron porque era mucho más rentable que otras grandes industrias, y por eso lo volvieron ilegal. Pero hoy el planeta está tan necesitado de un respiro que aquel que crea que el petróleo va a reinar, y todo ese delirio está loco. La respuesta está en las fibras naturales. Hoy existe internet, la colaboración, y si logramos colaborar no hay nada que nos detenga. Una vez que reproduces tanto la información, es imposible que, por cualquier esquema económico, mental o lo que sea, tiren al cáñamo. Además es tan rentable que sería estúpido no entrarle. Hay que ser realmente un idiota. Hay tanta gente estudiandándolo, con información de dominio público, que para pararlo tendrían que tratar de apagar internet o hacer una guerra mundial. Y aun así va a ser difícil.

¿Todavía es una industria incipiente en México?

-Sí. Es que todavía se comparte mucho esto de la prohibición. Nos han programado muchos años para vivir en ella y enseñarnos que está mal. Pero los que están haciendo el mal son los que están destruyendo el planeta, esclavizando a la gente. Aquí en México vivimos en un país en el que las leyes son sugerencias. Ha habido mucha violencia, han pasado cosas imperdonables que dan para decir esto ya no es gobierno, esto es un sálvese quien pueda. Pero hay mucho por hacer hacia adelante. Todos somos responsables por nuestro entorno. Tenemos que compartir la información, empezar a armar plataformas para que la gente empiece a desarrollar todo lo que tiene en sus cabezas.

¿Por qué debería tener una casa hecha con cáñamo?

-Para empezar, porque son muy cómodas. Tienen el mínimo de calentamiento y el mínimo de enfriamiento, una humedad relativa perfecta para el ser humano, que es de 50%, los materiales interiores no tóxicos; solamente usamos cal, agua, y elementos naturales como bambú. Tenemos sistemas de captura de polvo. Y pueden ser, además, más baratas que las tradicionales. El efecto general de que todo ser humano tenga una casa en base a estos materiales va a ser que vamos a capturar más dióxido de carbono que lo que sacamos, vamos a ayudar a enfriar el planeta. Ya no vamos a tener que cortar un árbol, podemos dejarlos descansar e incluso empezar a sembrar.

¿Cuánto cuesta más o menos una casa?

-Todo depende de dónde tengas el material. Te puede salir hasta casi gratis si lo tienes cerca. Hay mucha fibra disponible. En México tenemos que importar, entonces el costo es más alto. Pero en Uruguay, que está entrando en toda esta industria cañamera, muy pronto, en abril, va a haber toneladas de lo que llamamos cañamiza, que es lo que usamos para hacer las casas. Hemos entregado casas de lujo de entre 1.300 y 2.000 dólares el metro cuadrado, 100% sustentables, automatizadas, pero también hemos podido construir por 300 dólares el metro. Y estamos hablando de costos construcción contra construcción, porque lo que las casas tradicionales no incorporan como gasto es el mantenimiento operativo posterior. Si tenés una casa de concreto en una zona muy caliente, vas a tener que mantener prendido tu aire acondicionado todo el día para enfriar, y eso es una cuenta gigante.

¿Cómo se llega de la planta a la construcción?

-Cuando se usa para fibra, la cannabis se siembra muy pegadita, parece un bosque de bambú. Las plantas han de tener como mínimo tres metros de altura, máximo cinco. Luego viene una máquina que le quita la flor, y lo que queda del tallo lo corta en dos partes, quedan de un metro y medio. Las hojas quedan todas en el campo para regenerarlo. Esos bultos entran a lo que se llama decortificadora, entra el tallo por una banda, pasa por unos rodillos y martillos, por un lado salen las fibras bastas, que son las que se utilizan para hilo, cuerdas, ropa, zapatos, velas. Y por otro lado sale polvo y esta cañamiza, que es la parte maderosa, la parte interna del tallo; parece aserrín. Eso es lo que, mezclado con otros materiales naturales, luego se convierte en bloques, y luego en casas.

¿Es posible utilizar estas casas en planes de vivienda, o en grandes complejos?

-Todas las casas deben ser de cáñamo o algún material natural que capture dióxido de carbono y que respire. El diseño masivo ya no depende tanto del uso del cáñamo como material en sí, sino que lo importante es el diseño arquitectónico. Porque podemos tener un área de 400 casas de cáñamo, pero que toda la luz sea generada a base de petróleo, que el agua se junte en un drenaje y se tire en una fosa y que luego vuelva al ecosistema, que los residuos no se manejen correctamente. Entonces tienes unas casas de cáñamo muy térmicas y muy saludables para el ser humano, pero el efecto general de la construcción sigue siendo negativo porque estás gastando mucha energía. Pero la ventaja del cáñamo es que, al ser local de Uruguay, va a ser uno de los materiales más baratos para construir. El factor central no es tanto la sustentabilidad sino el precio. Lo más sustentable significa caro. Y aquí ya tienes un producto que es el más barato y el más sustentable.

¿Cómo ves la experiencia uruguaya?

-Hay que empezar en escalas pequeñas y por eso Uruguay nos llama mucho la atención. Es un proyecto piloto, donde todavía no se ha devastado tanto, tiene un gran potencial, y mucha apertura hacia la investigación. Un ejemplo: si donde se siembra sorgo, soja y trigo, un millón y medio de hectáreas, se sembrara cáñamo, se generarían 20 millones de toneladas de celulosa, cuando Uruguay sólo puede procesar cinco millones de toneladas por año. En 90 días Uruguay no tiene que cortar un eucaliptus más, ni transportarlo. La ventaja de este país es que hay mucha mano de obra calificada y tecnificación. Al ser legal en todos los aspectos, es el centro de las miradas del mundo. Si podemos lograr un buen proyecto, Uruguay tiene la capacidad de volverse el centro tecnológico de una buena parte del mundo; tiene suficiente innovación, cultura, y seguridad económica para ser un polo de investigación basado en el cáñamo.

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